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6 de septiembre de 2016

Calvario de mujer argentina que no puede salir de Egipto

Carolina Pavón es oriunda de Misiones, en 2002 se casó con un contador egipcio y tuvo dos hijas. Pero la relación pronto se tornó violenta y ahora la mujer se quiere divorciar y volver a Argentina pero el gobierno se lo impide porque su marido no se quiere divorciar de ella.

Carolina Ester Pavón nació en Misiones, tiene 40 años y hace 14 se casó con Mahmoud Mohamed Mahmoud Ahmed Tarfa, un contador egipcio que conoció en Alejandría. Vivieron la mayor parte del tiempo allá y algunos meses en Argentina. Tuvieron dos hijas pero la relación era violenta. Ahora Pavón está atrapada en Egipto porque Tarfa no le quiere dar el divorcio y teme perder el contacto con sus hijas. Pidió ayuda.

Carolina contó su historia. Su relación con Tarfa comenzó en 2002 en Egipto. En 2004 volvieron juntos a la Argentina y tuvieron a su primera hija. Pero no se quedaron mucho tiempo, pronto regresaron a Alejandría con la abuela materna de Carolina y entonces la violencia se profundizó. La mujer padecía alzheimer y requería la atención de la mujer lo que, según ella, enfurecía a su marido.

Pavón sufrió violencia psicológica y física. “Llegué a naturalizarlo”, reconoció. En 2013, ya con su segunda hija, la familia regresó a la Argentina. Tarfa no encontraba trabajo y quería probar suerte en el país de su mujer. No se adaptó, volvió a Alejandría y le hizo prometer a Carolina que en diciembre, cuando las nenas terminaban la escuela, volverían también.

Pavón no lo hizo aunque las niñas le suplicaban regresar. “No me esperé que mis hijas no se adaptaran”, señaló.

En 2015 Tarfa volvió a Argentina y los cuatro regresaron a Egipto. Carolina veía el sufrimiento de sus hijas y no quería crecieran sin un padre como le pasó a ella.

Las agresiones no tardaron en reaparecer y Pavón se fue de la casa de su marido. Le pidió el divorcio, pero todavía él no se lo da. Además dispuso una restricción de acercamiento y Carolina tampoco puede trabajar. 

Vive escondida en la casa de una pareja que le da alojamiento a cambio de cuidar de un anciano con discapacidad.

“Yo pido encarecidamente al pueblo argentino, mis compatriotas, y a nuestras autoridades competentes que vean la forma de poder hacer entrar en razón a la República Árabe de Egipto de que es inhumana mi situación. Que es una falta de derechos humanos completos mantenerme presa en un país sin poder trabajar y sin lugar propio donde estar, sólo por el despecho de un marido abandonado (y con razones de peso: violencia física y psicológica). Que por favor me permitan salir. Necesito pararme como ser humano, dignificar mi vida. Y ya desde afuera vería de seguir con los trámites de divorcio y derecho de visita a mis hijas. Pero ya desde una posición fuerte, segura. Con el divorcio, él pierde poder sobre mí en este país”, escribió en una carta.

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