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21 de julio de 2016

Buscan desmantelar la "guerra del aceite" antes de que empiece

Quieren evitar otro frente de conflicto, como el del gas. Se amenaza con alzas del 300% por fin de subsidios. El Gobierno negociará con los productores que el aumento no supere el 30% y que sea gradual hasta fin de año.

El macrismo quiere abortar, antes que comience, la "guerra del aceite". El Gobierno les dejó ayer claro a las empresas productoras de aceite que no permitirá, hasta fin de año, incrementos sustanciales en los precios del aceite comestible en ninguna de sus variantes. Si hay un alza, será negociada con el Ministerio de la Producción de Francisco Cabrera y no será muy superior al resto del índice general de alimentos que mide el INDEC. Referentes del oficialismo se comunicaron ayer con los principales productores del sector los que, por otro lado, se comprometieron a seguir la línea oficial. Hoy habrá una reunión especialmente organizada para tratar el tema donde, según se asegura, se anunciará cuál será la situación del producto. Esto será durante julio, antes de agosto, cuando fuentes del sector amenazaban con una escalada de hasta el 300% en el precio de la botella de aceite de consumo a partir del plan oficial de liberación del precio del aceite luego de un virtual congelamiento en los precios desde mediados de 2008. 

La intención oficial es que el alza no supere el 30%, y que el incremento se implemente de manera gradual hasta fin de año. Para el gabinete económico no es una meta imposible. Considera que del otro lado habrá no más de media docena de interlocutores, entre ellos cuatro grandes compañías multiproductoras de alimentos que dominan más del 80% del mercado: Molinos Río de la Plata, Molinos Cañuelas, Arcor, Nidera y ADG; entre otros actores menores. Y, según el Gobierno, no habrá problemas para que estas compañías con teórica buena relación con el oficialismo no sean las que generen un nuevo conflicto político con la sociedad. 

Desde el Gobierno se había tomado la decisión de terminar con la política de subsidios con el producto, pero nunca había nacido la preocupación de un escalada de precios porcentualmente desestructurante de la política oficial. Menos ante el delicado clima social que generó en el público la suba de más del 1.000% en las tarifas de gas. Para el macrismo, terminaron las épocas, al menos por este año, donde se debían salir a explicar (y eventualmente desmantelar) alzas voluntarias de precios de productos sensibles para el bolsillo del hoy enojado ciudadano argentino. 

La inquietud sobre el futuro del precio de la botella de aceite a disposición del público nació ayer luego de advertencias de la Federación de Aceiteros que afirmaron que el valor de la botella podría casi triplicarse al pasar de 35 a 90 pesos o más en los próximos días, incluyendo la posibilidad que en algunos productos se traspase la barrera psicológica de los 100 pesos por botella. 

El temor nació a partir del acuerdo cerrado entre el Ministerio de la Producción y el sector aceitero, que cerraron una negociación para desmantelar la política de subsidio al aceite organizada durante el Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner durante el conflicto con el campo. El subsidio para sostener el precio del producto se conformaba con la retención del 1,2% de las exportaciones de aceite de soja, girasol y sus derivados, y que será dado de baja el último día hábil de julio. El kirchnerismo había implementado el subsidio, en teoría, también para que se sumaran al mercado de aceites actores pequeños y medianos del interior del país, que podían así ofrecer sus productos a precios algo menores o los de las grandes marcas. Estas, además, al correr los años del acuerdo, eran presionadas directamente por el secretario de Comercio del Interior, Guillermo Moreno, para que los valores del aceite se mantengan congelados en las góndolas de los supermercado. De hecho, las aceiteras fueron de las primeras que recibieron los legendarios y característicos llamados del exfuncionario para que se sumen al programa originario de Precios Cuidados. Luego se mantuvieron hasta el final del mandado del Gobierno anterior y fuentes del sector se imaginaban que el fideicomiso sería rápidamente desmantelado para que el precio de los aceites se libere y equilibre durante el primer trimestre de gestión de Mauricio Macri aprovechando que las grandes compañías alimenticias readecuaban todo su portfolio de productos. La elección oficial fue esperar y estudiar el diseño del fideicomiso antes de tomar una decisión final. Lo que siempre se tuvo en cuenta es que el programa no se extendería en el tiempo porque no tenía sentido subsidiar el precio de un bien comercializado por grandes empresas.

 

Fuente: Ambito.com  Carlos Burgueño

 

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